
Si fueras de alguna tribu
indoamericana
serías
luna destruyendo
la mañana,
sol incendiando la noche,
te veo pasar
a mi lado
y lamento la incapacidad
de hacerte ver
que la misma ciudad,
la misma época,
tu poco dinero,
mi poco tiempo...
Tu cara
contiene la exacta
geometría de la eternidad,
yo me voy, tú te esperas,
y mientras te pienso
siguen
girando las esferas.
Olvídate de la misma ciudad,
la misma colonia!;
tus ojos,
tu boca, esos tres abismos
de gloria.
Yo me elevo,
me voy de ti
sin que te enteres
cuántas mujeres
viven si
tú mueres?
No sé expresarme,
tus ojos a lo lejos
me dan una bofetada
tu sonrisa
me reduce
a nada.
Tristes canciones antiguas
luchan por definir
una de tus muecas; brutales literaturas
ansían llenar
sus poesías de tu belleza huecas.
Tu cabello es
un laberinto
y la primera palabra
que me dijiste
un animal extinto.
De plano tu beso es un arte;
y estar a tu lado
deteniendo las nubes,
punto y aparte.
Te puedo resumir
mi vida en tres palabras:
todavía no nazco.
La arquitectura de
tu belleza,
es un espejo
encerrado
en un frasco.
La estructura que no empieza
está más lejos
que enamorado.
Quisiera imaginarte
dentro de veinte años
pero en sí,
ya me duele la noche
y el no saber
donde estarás
me revienta
los sueños,
quién será dueño
de tu menta
de tu azafrán
manzanilla, té de tu derroche,
principio y fin, risas y daños,
canción.
Qué no diera
por el giro universal,
tu sopa de letras
entendiendo mis cien años de
soledad,
mi cambio de piel,
mi guerra del fin del mundo,
mis batallas en el desierto
y la miel que derramo por ti.
Bailándome al final del amor,
sin más te amos,
en la ciudad paraíso
sin el hombre de arena ni el pianista que vendió el mundo,
pero por lo general a tu edad
ven videos en Telemundo.
No conoces ni a Heidi, ni a Remi ni a Candy,
tu educación sentimental no te la dio Flaubert
ni Edmundo de Amicis ni Maupassant,
tu ves las novelas
en algún otro canal.

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