a tus espaldas
como un globo
que halaras
con un hilo invisible.
Qué pequeño era el sol
que grande tu sonrisa
tu mirada promisoria
expropiando llamaradas.
Y ya que pasaste:
la neblina
y las sombras,
la hora del lobo
las caricias intangibles
(de la soledad)
Qué grande era la soledad
de esos sentimientos que entierro
pero que antes encierro
en alguna nube de tu cielo.

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