
en que empecé a escuchar
música de triunfo
para una etnia futurista
de sacerdotes torvos,
mensajes indescifrables
para oídos sordos.
Yo reposaba en la cama
mientras forraba
tus memorias
con metal y polvo de estrellas,
primero fueron susurros
luego el clamor de mil botellas
y sus olas golpeando mi playa y
sus vidrios que aún hoy estallan.
La orgía que gritaba tu nombre
eran tan brutal y tan dura,
era tan hermosa
que la ache no podía quedarse muda

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