
a ver la belleza
incluso en la lágrima,
todo radiante
en lugar del original
podrido
que se instaló
en mi adolescencia.
Y escribo esto
a los pies de la catedral,
sin consentimiento de dioses
ni de ciencias,
por encima de cualquier esencia. Por cierto,
como extraño tu presencia...
a mi padre
le encantaba
enseñarme las estrellas
que alumbraban
su tierra natal,
hoy está nublado
y tú no estás
pero eso no me
impide asomarme
al ayer
y reír en consecuencia.

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