
entendiste mis brazos
como puertas?
que día se me ocurrió dejarte la ventana abierta?
...
A veces sufro tu silencio
pero lo entiendo
desde el quimérico
marasmo de la duda
ante el vahído del
vacío final.
Hay viajes
sinceramente volcánicos
y mañanas
estrechas sin retorno, peleo
por un poco de sangre
me muero por volverte a escuchar.
Aquí
en la muralla de la estipulación
con una calculadora
en la mano
digitando (dedeando)
sin estimulación
el fonógrafo de tu coro angelical.
En qué antro barato podré encontrar
lo que ya jamás podrás tú darme,
acá, yo, no te hagas, soy el único que te rezo,
un beso tuyo bastará para sanarme.

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